Sandor Marai PDF Imprimir E-Mail

El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala sino también con lo que piensa al picar y palear”. Esta frase luminosa se ha popularizado a través de Internet y ha terminado por convertirse en una suerte de summa del incomparable escritor húngaro Sándor Márai, quien reproduce, en otro horizonte y con la palabra como cincel, la consigna nietzscheana de filosofar a martillazos. Porque, en efecto, el autor de El útlimo encuentro no es complaciente ni favorable a una visión edulcorada de la existencia humana.

Intriga por qué en los últimos años Márai ha ganado tal reputación y, sobre todo, un cada vez más creciente número de lectores. En España se lee con devoción; en Italia, Adelphi, responsable de difundir en Occidente la obra del escritor magiar, ha reeditado en distintas oportunidades su obra más popular bajo el título de Las brasas; en Estados Unidos, asediados por los estudios culturales, las tesis académicas se multiplican. Y desconcierta porque Márai está lejos de esa literatura de consumo inmediato, superflua y fácil que no demanda más esfuerzo del lector que la convicción autosatisfecha.

Maestro del lenguaje, el escritor sabía que sólo a través de la palabra, hombres y mujeres alcanzamos a esbozar la complejidad de nuestros afectos y repulsiones. Sólo por medio de la reflexión constante, del viaje a las profundidades del alma, llegamos a rozar parte de ese misterio, de ese pozo insondable creado y proyectado por el lenguaje. La vida sostenida por una cascada de voces, por una marea de silencios que circundan aquello de lo que apenas se habla, de los murmullos, circula a lo largo de páginas cuyo con sus lectores a través de él mismo o sus entrañables personajes.

Y en el discurso no hay prédica ni sermón. Más próximo a la pieza dramatúrgica que al sermón, uno de los rasgos paradigmáticos de los relatos de Márai, que la autora de este libro coloca en primer plano en forma también, debemos decirlo, incomparable, radica en los secretos guardados por mucho tiempo, esos residuos del lenguaje apostados en un sarcófago interno sumido en las penumbras. Los personajes de Márai hablan para sí porque el diálogo se ha tornado imposible. Paradójicamente, esa imposibilidad, esa renuencia a hablar, termina por manifestarse en un discurso afilado, inexorable, avasallador.

Lourdes Quintanilla explora los recintos profundos de la cosmovisión de Sándor Márai. El título de su libro, La soledad del escritor, no podía ser mejor, sobre todo porque en cada una de las historias del autor húngaro, trátese de los escritos autobiográficos o de las novelas, prevalece la forma literaria de la soledad por excelencia: el monólogo. Antes que un castillo de destinos cruzados, a la manera de Ítalo Calvino, la escritora deja claro que las miradas, los gestos, los rituales cotidianos, las remembranzas, se sintetizan en una larga reflexión filosófica acerca del sentido profundo de la vida, pero también del devenir de las pasiones. Ya en sus libros anteriores, Benjamín Constant: La fragilidad política (Sexto piso, 2003) y Ernst Jünger: La mirada de un siglo (Libros en red, 2005), Lourdes Quintanilla da cuenta de escritores con quienes comparte una pasión profunda: la literatura como una forma de conocimiento privilegiada, el razonamiento analógico como vía regia para atravesar el mundo de las apariencias. Porque ni Constant, ni Jünger, ni Márai –ni la propia Quintanilla, cabe decir– saben nadar en la superficie, lo de ellos son las fosas abisales del sentir humano, con todos sus horrores y bálsamos. Los escritores que le interesan a la ensayista no sólo han sido espléndidos maestros de la forma literaria, sino testigos de su tiempo, de un tiempo convulso que ha sembrado el imaginario de generaciones enteras (la Revolución francesa, las dos guerras mundiales, la sovietización del este europeo).

Ahora, en Sándor Márai: La soledad del escritor, Quintanilla ofrece al lector de lengua española un trabajo muy personal, una travesía por los temas, las preocupaciones y el pensamiento del gran escritor húngaro. Ya sea en los estremecedores testimonios de Confesiones de un burgués y ¡Tierra, Tierra! o en las portentosas La mujer justa y El último encuentro, la autora de este libro disecciona las voces de los protagonistas y revela que la soledad es un ámbito necesario e insobornable; una soledad de palabras y silencios cuya memoria cava hondo. Sólo superficialmente podríamos pensar que Sándor Márai: La soledad del escritor es una monografía, una introducción apenas, una invitación a la lectura del autor de Divorcio en Buda. Como un río subterráneo, el texto va revelando algunas claves fundamentales para comprender los enigmas que para el lector incauto depara la exquisita prosa de Márai.

Quintanilla es una guía excepcional cuya lectura recurre a la glosa pero sólo para descorrer los velos. Tras el actuar de un personaje late un secreto ignoto que sólo alcanza razón de ser gracias a la palabra poética.

 
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