El secreto para ser un país rico PDF Imprimir E-Mail

Artículo de David Martínez en Milenio.

 

Seguramente, en alguna ocasión todos nos hemos preguntado por qué algunos Estados triunfan mientras otros, como México, luchan por salir adelante. A esa pregunta pretende responder el Banco Mundial, a través de la Comisión sobre Crecimiento y Desarrollo, con el premio Nobel de Economía, Michael Spence, a la cabeza. El objetivo de esa Comisión era redactar un informe que explicara las razones del crecimiento de las 13 economías más importantes del mundo. El Informe fue hecho público el pasado junio, presentándose su traducción al español la semana pasada en la sede de la CEPAL en Santiago de Chile. Las conclusiones son bastante sorprendentes.

En primer lugar, es difícil hablar de “secreto”, como si el crecimiento y el desarrollo fuesen cualidades únicas y exclusivas de ciertos países. Todos los casos de gran crecimiento sostenible tienen características comunes: una relación estrecha con la economía mundial; la preocupación por todos los estratos sociales; unos niveles de ahorro e inversión muy elevados; un entorno macroeconómico estable y una gran dependencia de las características básicas de la asignación de mercado, el seguimiento exhaustivo sobre los indicadores de precios por parte de los gobiernos, además de la capacidad de soportar una dinámica microeconómica muy caótica, propia de los tiempos de la globalización.

Sin embargo, más allá de esta conclusión, lo interesante del Informe está en la relación de oportunidades que los países tienen unos frente a otros. La primera, cómo no, es la globalización, entendida  como posible demanda – es decir, el tamaño del mercado y la capacidad de ampliarlo – pero también como creación de tecnología o conocimiento. La segunda, quizá la mayor sorpresa del Informe, no es otra que la vuelta de la política al mundo de la economía, ese esfuerzo por construir consensos y escoger el modelo adecuado, lograr que todo el mundo se sume, llegar a acuerdos con los interlocutores como trabajadores y empresarios, y emplear un enfoque pragmático persistente, que resuelva para siempre esa eterna duda que tiene nuestro país sobre cómo va a responder la economía a las decisiones políticas, cuando casos como los de Italia demuestran que, en la mayoría de las veces, son dos cosas distintas.

En el prólogo, Joseph Stiglitz, otro premio Nobel, concluye con un escalofriante enunciado. “Quizá el mejor secreto para el crecimiento y el desarrollo sea: no hagáis lo que os decimos, haced lo que hacemos”. ¿Valdrá ese consejo para los de Hacienda y los de Banixco? ¿Entenderán que su modelo económico ya quedó demolido? Es pregunta, que conste.

 
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