Y llegó Obama. PDF Imprimir E-Mail

Último artículo de David Martínez en Milenio

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El día llegó. 20 de enero de 2009. El primer presidente afroamericano ya despacha en el salón oval. Decía el escritor japonés Haruki Murakami que el sueño y la esperanza son dos calmantes que la naturaleza concede al ser humano y nunca una frase se ajustó tanto a una imagen. Pero quienes piensan en Barack Obama como un héroe para el desmantelamiento de lo que nos ha dejado Bush pueden llevarse una decepción.

Veamos: Obama se propone 14 metas. La recuperación de la economía. La creación de reglas financieras para impedir que se repita la crisis. La creación de empleos. La reducción del costo de la salud y la expansión de la protección sanitaria. El cambio hacia una nueva política energética. La revitalización de la educación pública. El mentadísimo cierre de Guantánamo y el fin de la tortura. El equilibrio entre la seguridad y la libertad individual. El fortalecimiento de alianzas. Retirarse de Irak. Ganar el Gran Juego de Asia o lo que es lo mismo, vencer en Afganistán. Ocuparse del cambio climático. Volver a los EEUU hacia la ONU.

De estas promesas podríamos decir dos cosas: la primera, más que obvia, es que Obama es un político que no está motivado por la ideología tradicional. Y dos, su gobierno – dado el tipo de campaña que hizo – estará obligado a rendir cuentas y a admitir y corregir errores casi en el instante siguiente a que los cometa. Tanto por las promesas como por las acciones deberá soportar una carga tremenda, terrible.

Pero desde el otro lado, hay que alegrarse: se han acabado los días de Bush, aquel presidente que invadió un país porque “querían matar a su papá” o que recordó al antiguo oeste con aquello de “se busca vivo o muerto”. Bush, el que se metía con los progresistas y ha acabado dando el mayor apoyo público a la economía. Obama, en mera comparación con Bush, ya ha ganado por goleada.

El hombre del cambio no lo tiene muy fácil para llevar adelante sus promesas, entre otras cosas porque está condicionado por la situación económica. Si tan difícil es gobernar en el siglo XXI se debe a que la política ha dado un salto gigantesco de consecuencias todavía sin calcular, pero perfiladas por la capacidad erosiva de la TV y la simultaneidad de la vida global del planeta. El martes, Obama se vio rodeado por más de dos millones de personas. No debe resultar cómodo cargar con las esperanzas del planeta, pero juegan a favor del nuevo presidente su juventud e inteligencia, sus orígenes repartidos entre Kansas y Kenia, que reconcilian en su propia persona una de las más odiosas divisiones del mundo. Con su apertura, al ofrecer el más preciado cargo del Gobierno a su rival, Hillary Clinton, y no sucumbir al amiguismo tan típico del sur del río Bravo, ha demostrado personalidad y confianza. Los cuatro, u ocho, próximos años pueden reportar decepciones, una renovación triunfal o un término medio. Si, Obama no tiene experiencia, pero es un hombre respetado por su inteligencia y determinación. Y ese, desde cualquier punto de vista, es un prometedor comienzo

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