Narcolandia PDF Imprimir E-Mail

Artículo de David Martínez en Milenio.

A finales del pasado verano, los asesinatos por drogas en México empezaron a aumentar de intensidad hasta convertirse en una guerra total. El gobierno ha desplegado miles de soldados y policías en las calles y se ha comprometido a expulsar de las fuerzas de seguridad a los agentes corruptos que cooperan con los cárteles, pero día con día se descubren nuevos nexos entre agentes policiales y los narcos. El dato duro que derrumba toda la estrategia gubernamental es que desde diciembre de 2006 ha muerto más gente en México en actos relacionados con los narcos que en los atentados terroristas del 11-S. Esta semana fue brutal en términos de datos duros relacionados con el Narcotráfico: una docena de asesinatos, se han abierto 50 narcotienditas tan sólo en el EDOMEX, lo que lo convierte en el mayor foco de narcomenudeo del país. Por todo ello, en octubre, la revista Foreign Policy describió a México como el primer Narco-Estado, por encima de países como Afganistán, célebre por la ruta del opio, y Colombia, paraíso histórico de la cocaína.

No es casual está definición. Michael Sanders, el famosísimo portavoz de la DEA, ha hecho unas declaraciones espectaculares: “llevamos realizando investigaciones desde la época en que los colombianos empezaron a utilizar a los mexicanos para llevar la cocaína a través de la frontera. Luego, en algún momento de los 90, observamos un cambio, cuando las bandas de narcotraficantes mexicanos compraban la cocaína a los colombianos y después establecieron redes de distribución en EE UU. La violencia comenzó porque los cárteles se han enfrentado entre sí por las rutas de acceso a EEUU”.

La declaración es importante porque demuestra que la estrategia de sacar al ejército a las calles ha tenido poca incidencia, a pesar de los miles de millones que el gobierno se ha gastado en spots y anuncios espectaculares. El ejército – una institución que según la consultora NUEVA MAYORÍA esta por debajo de la media entre sus pares latinoamericanos – sólo ha podido influir en qué cartel tendrá el control absoluto de las redes de distribución en EEUU. Ese, parece, es el objetivo central de la lucha antinarco: favorecer a un cartel, pues no es lo mismo tratar con quince que con uno.

Al citarnos el ejemplo de Colombia, a los diarios se les olvida que si bien es cierto que la Colombia de los 80 se parecía mucho al México de hoy - secuestros, sobornos, asesinatos a cargos del Gobierno, policías y jueces, una tierra de nadie donde reinaba la corrupción – las diferencias son abismales y surgen con sólo mirar un mapa: primero, Colombia es mucho más pequeña que México. Y los colombianos, en lo que respecta al tráfico de droga, tenían que llevar los productos a Estados Unidos, en lanchas rápidas o barcos de pesca; atravesar el Caribe o el Pacífico. Para los narcos mexicanos basta con pasar a pie la frontera, nadando, en aviones o camiones por puntos poco transitados por la frontera. La cercanía del consumidor final – ese estadounidense que vemos en las “tontas películas americanas” atiborrado de yerba – es, pues, lo que más debería marcar la estrategia de combate al narco. Pero, en este país, nadie quiere hablar de consumo y legalización, quizá porque saben que el narco perderá el negocio y muchos sus suculentas mordidas.

Por si fuera poco, Colombia tiene más de 20 años con una estrategia como la que quiere aplicar el gobierno. ¿Estamos preparados para un conflicto tan largo? Para los que no crean que, de seguir las cosas tal como están, entraremos en una curva ascendente de violencia, les recordaría aquella famosa canción de los PUMAS DEL NORTE, que dice: hoy que probé la riqueza, / ser pobre yo ya no quiero, / seguiré vendiendo yerba / en todito el mundo entero, / no importa que pa’ lograrlo / tenga que rifarme el cuero.

PD. Felicidades a Manuel García Estrada, por la presentación, el miércoles pasado, del códice del Ángel.
 
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