Meditaciones californianas PDF Imprimir E-Mail

Último artículo de David Martínez en Misión Política

 

Ortega escribió Meditaciones del Quijote mientras paseaba por los alrededores de El Escorial, ese sobrecogedor palacio que Felipe II, el emperador de turno, construyó. Es un libro que intenta explicar el mundo en el que vive el autor. Al final del prólogo “Lector...” declara Ortega la “preocupación patriótica” que anima a estos ensayos Queda así circunscrito su marco teórico de referencia: el problema de España. Recientemente, en una conversación con amistades, salió a relucir este libro y la pregunta, al fin, fue: y, entonces, ¿cómo imaginas tu qué debería ser el país? 

El México al que aspiro es un lugar que reconozca su alma multicultural. Rostros cobrizos, mestizos, y no siempre blancos en los medios y anuncios de publicidad. Un México que entienda que el 68 o Lucio Cabañas eran movimientos de liberación de masas, que deseaban un país más justo, libre y solidario. Al fin, no importa tanto este punto, pues lo fundamental es que los ciudadanos sepan qué pensar de ti, de Lucio, del mundo sin necesidad de que este Televisa o Salinas Pliego de por medio. Un país que piensa, que decide, es aquel que tiene el destino en sus manos y que no permite que los demás le digan que hacer. Cabeza de ratón, no cola de león. Educación, pues. 

La educación tiene que ver con otro factor, ese ligado a cómo socialmente en nuestro país entiende que todas estas situaciones que vivimos hoy son algo que fatalmente debe de ocurrir, no hay una oposición civil a ella. La educación debe desterrar esa ideología de la fatalidad, como bien la ha definido el escritor Sergio González. Esta ideología que se complementa con la imagen del México bárbaro, la irrupción del delincuente, de la cultura de la violencia. 

Somos una nación donde hay más mujeres que hombres, pero seguimos sin reconocernos como una sociedad igualitaria, a pesar de que nuestro máximo símbolo identitario – la virgen de Guadalupe – es mujer. Haría falta una campaña de conciencia ciudadana sobre la "lucha femenina", pinturas que representen a Rigoberta Menchú y las mujeres mayas – esas que según la película El Violín tanto le gustan al ejército -, a Sor Juana y Doña Josefa, un Instituto de Mujeres que sea, verdaderamente, la casa de protección de la mujer y no uno de esos institutos que el gobierno tiene porque suena bien tenerlos. 

El tema de las mujeres está vinculado a otro, igual de importante: la salud. La salud en México esta dirigida o enfocada más hacia el aspecto puramente curativo y no preventivo. Es necesario que las políticas de salud se transformen para lograr la conjunción de estos dos aspectos. Influye que también la calidad en la salud esta determinada por la desigualdad y discriminación que sufren diversos sectores de la sociedad, como las mujeres, los enfermos de SIDA, o los homosexuales y determinados grupos indígenas.

Al responder, me interrogan: ¿y ese país existe, es posible? Si, se llama San Francisco, en California, con sus barrios The Mission, Castro, Haight Ashbury, con sus municipios cercanos: Sonoma, Carmel by the sea, Monterey. No hemos dado ni el primer paso, pero tan importante como llegar es saber a dónde se va. Con un modelo distinto seguir hasta el final de la calle no debería ser problema. La visión es espectacular, ¿lo ven? Allá al fondo, justo debajo de la nube, un grupo de gente tocando la guitarra, allá, a la izquierda, otros más reparten folletines y hablan sobre el cáncer o sobre el reparto de la riqueza y el comercio justo. Ahora sí. Relájate. Déjate llevar. Acuéstate. Aspira hondo. Despiértate. Consuélate: soñar es gratis y a todos nos esta permitido.

 
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