Lucha contra la corrupción PDF Imprimir E-Mail

La corrupción es un acto ilegal e inmoral que ocurre cuando una persona abusa de su poder para obtener algún beneficio para sí mismo, para sus familiares o para otros. Requiere, por lo menos, de la participación de dos actores: uno que por su posición de poder pueda ofrecer algo valioso y otro que esté dispuesto a pagarlo.

Ahora bien, el fenómeno de la corrupción no puede cincunscribirse solo al ámbito público, también se da por igual en el sector privado, en los países pobres y en los ricos. Se trata de un fenómeno generalizado que alcanza distintos órdenes de la vida política y social. Por esto es importante mencionar que el carácter de la corrupción no sólo es político, sino que tiene que ver con actos cotidianos, está ahí en el transporte, en el mercado, al realizar trámites oficiales. Puede suceder en los lugares menos pensados y con las personas menos esperadas.

En la escuela, por ejemplo, la corrupción puede darse entre profesores y alumnos, entre padres y maestros, entre directores y padres de familia, entre directores y profesores, entre autoridades de gobierno y personal de las escuelas. De las primeras cuestiones que se plantean en este libro es que la corrupción es un síntoma. ¿Un síntoma de qué, nos preguntaremos algunos? Evidentemente, de que vivimos en una ciudad compleja. En efecto, hay quienes piensan que la corrupción puede ser útil. Argumentan que ayuda a esquivar las reglas excesivas, a acelerar los trámites y a ahorrar tiempo. Así, y siguiendo con el ejemplo antes mencionado, serviría a los alumnos que tienen problemas con una materia para poder aprobarla. También serviría para establecer un criterio para determinar quiénes ingresan a las escuelas con mayor demanda. Sin embargo, los partidarios de este argumento no se dan cuenta de que en el largo plazo, la corrupción nos perjudica y tiene un costo. Si en la escuela es común que los profesores acepten sobornos para aprobar a los alumnos, en el largo plazo la reputación de esa escuela se verá dañada. Esto terminará afectando a sus egresados, quienes cargarán para el resto de su vida con el sello de que vienen de una escuela que no los formó bien.

La corrupción tiene consecuencias graves que afectan el desarrollo de los países. Algunos datos recientes, que se mencionan en estas páginas, muestran que el dinero que se gasta en actos de corrupción deja de invertirse en los servicios públicos que proporciona el gobierno, tales como transporte público, electricidad y agua potable. Además, los costos de la corrupción provocan falta de recursos para dar mayor sustento a los programas sociales. La corrupción provoca que baje la calidad de los servicios médicos, baja también la calidad de los servicios educativos, y provoca aumentos en la incidencia de cortes eléctricos, por mencionar algunos ejemplos. Además, la corrupción puede terminar poniendo en riesgo la vida e integridad física de
los ciudadanos: la baja calidad de los servicios médicos puede costarle la vida a un ciudadano enfermo.

De ahí la importancia de considerar la lucha anticorrupción como una acción prioritaria de los gobiernos, que como dice Robert Klitgaard considere al menos cuatro componentes estratégicos:

A. La sanción a transgresores graves y notorios.
B. Involucrar al pueblo en el diagnóstico de la corrupción.
C. Concentrarse en la prevención mediante la reparación de los sistemas (simplificación administrativa, reducción de los márgenes discrecionales, desregulación, etc).
D. Promover incentivos a los servidores públicos mejorando remuneraciones, midiendo el desempeño, o llevando a cabo campañas para lograr éxitos que sean tangibles en el corto plazo.

En el caso del Distrito Federal, se ha desarrollado en la presente administración (2000-2006) una voluntad real para combatir la corrupción. Ello se constata tanto en las acciones de planes y programas de gobierno, como lo que hoy es parte de la memoria colectiva: desde acciones preventivas, como dar transparencia a la nómina, los ingresos diarios del GDF y las declaraciones patrimoniales de los principales funcionarios, la implantación de un nuevo esquema de control interno, la incorporación de controles ciudadanos, pago y trámite de impuestos y derechos en bancos y tiendas de autoservicio, la Revolución Administrativa, la consolidación de medidas correctivas y punitivas, como auditorias y operativos especiales, ceses fulminantes de empleados, la desaparición de instituciones y la destitución, inhabilitación e incluso el encarcelamiento de funcionarios y empleados públicos. Es evidente que la que la corrupción posterga el desarrollo de los habitantes y ciudadanos del Distrito Federal, carga a la comunidad con costos injustos, destruye la competencia comercial, demanda esfuerzos, desacredita a la autoridad y altera la paz pública. Indudablemente, esfuerzos como el que presenta David, sirven para reflexionar seriamente sobre este problema.

Este libro es un estudio que sirve, no tanto para determinar el nivel de corrupción del país o de la Ciudad, sino para reflexionar si los procesos y visiones negativas sobre la corrupción resultan justificados también desde el punto de vista científico. El estudio ha encontrado un espacio nuevo, indicando que todavía hay, por delante, una inmensa
tarea por recorrer. No queda más que saludar y desearle éxito por esta publicación.

 
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