El orgullo ateo PDF Imprimir E-Mail

Último artículo de David Martínez en Misión Política.

 

No se podría empezar algún texto sobre el ateísmo sin citar a Robert M. Pirsig, autor de Zen y el arte de Mantenimiento de Motocicletas, quien sostiene: “cuando una persona sufre de una delusión, es llamado locura. Cuando muchas personas sufren de una delusión es llamado Religión”.

Ser ateo es algo por lo que no hay que pedir disculpas. Al contrario, es algo sobre lo que se debe estar orgulloso; erguido frente al horizonte, porque el ateismo casi siempre indica una saludable independencia de pensamiento y, de hecho, una mente saludable. Existen muchas personas que saben, en lo profundo de su corazón, que son ateas, pero no se atreven a admitirlo frente a sus familiares o ni siquiera; en algunos casos, a ellas mismas. Parcialmente, esto es debido a que la mismísima palabra “ateo” ha sido asiduamente construida como una etiqueta terrible y amenazadora.

El estatus de los ateos hoy está a la par con el de los homosexuales de hace cincuenta años. Ahora, después del movimiento del Orgullo Homosexual; es posible, aunque todavía no muy fácil, que un homosexual sea electo para un cargo público. Una encuesta Gallup le preguntó a los estadounidenses si ellos votarían por una persona bien calificada que; fuese mujer (el 95 por ciento lo haría); católica romana (el 94 por ciento lo haría); judía (92 por ciento); mormón (79 por ciento); homosexual (79 por ciento) o atea (49 por ciento). Claramente, tenemos un largo camino por recorrer. Pero los ateos son mucho menos numerosos, de lo que muchos creerían, especialmente entre la élite educada. Esto era así hasta en el siglo diecinueve, cuando John Stuart Mill ya era capaz de decir: “El mundo se asombraría si supiese cuán grande es la proporción de sus más brillantes ornamentos, de aquellos más distinguidos aún por estima popular por sabiduría y virtud, que es completamente escéptica en religión”.

Esto tiene que ser aún más verdadero hoy. La razón de que tanta gente no note a los ateos es que muchos de nosotros somos renuentes “a salir”. Por eso es genial toda esa campaña de autobuses que recorre Europa con la leyenda: probablemente dios no exista, disfruta de la vida. Habría que preguntarse, cuándo tendremos una campaña como esa aquí en México. No es exagerada la comparación con los homosexuales: mientras más gente salga, más fácil será que otros se les unan.

Pueda que exista una masa crítica para la iniciación de una reacción en cadena. Las encuestas muestran que los ateos y los agnósticos superan enormemente a los judíos religiosos; y hasta superan a la mayoría de los otros grupos religiosos particulares. A diferencia de los judíos; sin embargo, quienes son notoriamente uno de los lobbies políticos más efectivos en los Estados Unidos de América; y a diferencia de los cristianos evangélicos, que manejan un mayor poder político, los ateos y los agnósticos no están organizados y en consecuencia ejercen casi cero influencia. De hecho, organizar a los ateos ha sido comparado a pastorear gatos, porque ellos tienden a pensar independientemente y no aceptarán ninguna autoridad. Pero un buen primer paso sería construir una masa crítica de aquellos dispuestos “a salir”, de paso estimulando a otros a hacerlo. Aún si ellos no pueden ser pastoreados, gatos en suficiente cantidad pueden hacer un montón de ruido y no pueden ser ignorados.

 
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