Aviones y democracia PDF Imprimir E-Mail

Artículo de David Mtz en Milenio.

Por el contrario de lo que se cree, la esencia de la democracia no se encuentra en el diálogo con el adversario. Ver la democracia de esa forma es condenarla al fracaso, pues el consenso es como esos caballos en el hipódromo: llega cuando ya ha terminado la carrera con el estigma de sentirse ganador. Tiene razón Juan María Alponte cuando sostiene que la democracia moderna está basada en:

1. El control parlamentario del poder ejecutivo, así como el cambio de sus titulares mediante elecciones precedidas por campañas en las que la palabra resulta determinante para ejercer la crítica y exponer los proyectos.

2. La libertad de prensa, que debe proporcionar la información precisa, no defender sus intereses, para que pueda conformarse un estado de opinión y conocimiento.

3. La implantación del orden jurídico, en el que el respeto a la ley es el instrumento imprescindible para la realización de la justicia.

Lo anterior se recuerda por los sucesos del martes 4 de noviembre con el avionazo del Secretario de Gobernación y de Santiago Vasconcelos. Así, para descartar que realmente fuese un acto de sabotaje – un atentado, al fin –, la investigación debería estar bajo control o, si se quiere, supervisada por el Congreso de la Unión, aplicando en todo momento la Ley de Transparencia a la investigación. Se podrá decir que quien sostenga estas cuestiones vive en un país inexistente. En el fondo, tendrán razón, pues el país que se pretende es imaginario, no ha llegado o, lo que es peor, se nos ha perdido para siempre.

Vivimos en el México del gran capital, de las televisoras, de los intereses de aquellos que defienden sus hectáreas, la tranquilidad de la cervecita y el fútbol dominguero de Jorge Vergara. El gobierno defiende falsamente el funcionamiento del Estado para que la coreografía institucional ampare a aquellos que se benefician de su puesto y de la Hacienda. Tenemos Secretarios de Estado capaces de transformar la mierda en esencias aromáticas, robándole las palabras al maestro Sabines; patriotas excelsos al servicio de las utilidades más privadas. Este es nuestro reino.

Con la sombra del avión en mente y a la luz de estas palabras, cabría concluir que la democracia nacional es sólo, triste y llanamente, una sucursal de Madrid y Washington. Con ello, volvemos a Sabines: los hombres de azul, las mujeres de rosa: desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa que constituye la patria de nuestros sueños.

 
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